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La soledad y las enfermedades crónicas pueden reforzarse mutuamente, según un estudio realizado en 19 países

  • El análisis siguió a adultos de 45 años o más y encontró asociaciones tanto desde la multimorbilidad hacia la soledad como en sentido contrario.
  • La menor actividad social explicó parcialmente el camino desde acumular problemas físicos hasta desarrollar posteriormente sentimientos de soledad.

La relación entre sentirse solo y acumular varios problemas de salud física podría funcionar en las dos direcciones. Un estudio publicado este 15 de agosto en Nature Communications encuentra que las personas con varias enfermedades crónicas presentan posteriormente un mayor riesgo de soledad, pero también que quienes se sienten solos muestran una asociación con la aparición posterior de multimorbilidad.

Los investigadores analizaron datos longitudinales de personas de 45 años o más de 19 países, utilizando cinco grandes estudios de seguimiento desarrollados en Estados Unidos, Inglaterra, diferentes países europeos, China y Corea del Sur.

La multimorbilidad física se refiere a la coexistencia de varias enfermedades o problemas de salud crónicos en una misma persona. Su frecuencia aumenta con la edad y puede dificultar movilidad, autonomía y participación en actividades sociales.

Después de ajustar sus modelos por diferentes variables, los autores encontraron que quienes tenían multimorbilidad presentaban un 25% más de riesgo relativo de desarrollar posteriormente soledad dentro del análisis estadístico. En sentido contrario, la soledad se asoció con un incremento relativo del 10% en el riesgo de desarrollar multimorbilidad.

Es importante interpretar correctamente estos porcentajes. Son razones de riesgo obtenidas mediante modelos observacionales, no equivalen a afirmar que la soledad provoque directamente un 10% más de enfermedades en cualquier persona ni que padecer varias patologías produzca necesariamente soledad.

El trabajo encuentra además un posible mecanismo social. La menor actividad social actuaba como mediador parcial entre la multimorbilidad física inicial y la aparición posterior de sentimientos de soledad. En otras palabras, parte de la asociación podría explicarse porque determinados problemas de salud dificultan mantener actividades y relaciones sociales.

Los autores describen por ello la posibilidad de un círculo que se retroalimente: las enfermedades pueden limitar la vida social, esa reducción del contacto puede favorecer la soledad y, al mismo tiempo, la soledad está asociada en distintos estudios con comportamientos, estrés y circunstancias que pueden relacionarse con la salud física.

El diseño longitudinal constituye una ventaja respecto a una fotografía tomada en un único momento, porque permite observar qué situación aparece antes y cuál después. Aun así, no convierte automáticamente las asociaciones en relaciones de causa y efecto. Es posible que intervengan variables adicionales que los modelos no puedan medir completamente.

La amplitud geográfica es otro punto relevante. El estudio combina cinco cohortes prospectivas y analiza participantes de diferentes contextos sociales y sanitarios, lo que permite comprobar si la relación aparece más allá de un único país.

Desde una perspectiva práctica, los resultados refuerzan el interés de considerar la dimensión social cuando se estudia la salud de personas con varias patologías crónicas. No permiten recetar una cantidad concreta de relaciones sociales ni concluir que participar en actividades vaya a prevenir por sí solo enfermedades.

Sí indican que el aislamiento social no debería analizarse de forma completamente separada de la salud física y que las limitaciones derivadas de enfermedades crónicas pueden tener consecuencias más amplias sobre la vida cotidiana.

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